Ecuador en PISA 2025: el nivel que hay que leer dos veces
Actualizado: 26 sept
El país obtuvo bajos resultados en matemáticas y lectura, y prácticamente los mismos en ciencias. Estos números nos alertan para implementar planes de acción y ejecutarlos.
Grupo de Trabajo sobre Análisis Político y Constitucionalismo
1. El dato que pesa
El martes 8 de septiembre de 2026, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó los resultados de PISA 2025, la evaluación que, cada tres años, mide qué saben hacer los estudiantes de 15 años con lo que aprendieron en la escuela. No es un examen de memoria: la prueba pregunta si un chico puede entender un texto que nunca ha visto, resolver un problema con datos reales o decidir si una conclusión científica se sostiene. PISA 2025 evaluó a más de 760.000 estudiantes en 91 países y economías, una muestra que representa a unos 33 millones de adolescentes.
Ecuador obtuvo 393 puntos en ciencias, 385 en lectura y 366 en matemáticas. El promedio de los países de la OCDE fue de 482, 461 y 463 puntos, respectivamente. En la nueva prueba de resolución computacional de problemas —que mide la capacidad de descomponer una tarea, ordenarla en pasos y corregir errores— Ecuador alcanzó 422 puntos frente a un promedio de 500.
Dicho de otro modo: la distancia entre un estudiante ecuatoriano promedio y un estudiante promedio de la OCDE es de casi 90 puntos en ciencias y de casi 100 en matemáticas. En la escala de PISA, esa brecha equivale, aproximadamente, a más de tres años de escolaridad.
Arriba, el panorama es el de siempre y con los mismos protagonistas. Las provincias chinas agrupadas bajo la sigla B-S-J-Z (Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang) encabezaron en ciencias con 597 puntos y en matemáticas con 612. Singapur lideró en lectura con 535 y quedó segundo en ciencias con 560. Detrás aparecen Macao, Taipéi chino, Japón, Corea del Sur y Estonia. Siete de los diez primeros lugares en matemáticas son asiáticos.
Ecuador participó por primera vez en 2017 en la iniciativa PISA para el Desarrollo. Aquella vez obtuvo 399 puntos en ciencias, 409 en lectura y 377 en matemáticas. La comparación con 2025 arroja tres trayectorias que no son iguales entre sí.
Lectura perdió 24 puntos, matemáticas 11 y ciencias apenas 6 —una diferencia que la OCDE considera, en la práctica, estabilidad—. Es decir: el desplome no fue parejo. Se concentró casi por completo en la capacidad de leer y entender un texto.
2. La paradoja de la cobertura: incluir a más puede bajar el promedio
Antes de sacar conclusiones, hay que poner una nota al pie honesta. La participación de 2017 fue parte de PISA para el Desarrollo, un formato pensado para países de ingreso medio y bajo, con instrumentos adaptados. La de 2025 es la evaluación internacional regular. En sus tablas de tendencias, la propia OCDE marca como no disponibles las variaciones de Ecuador precisamente por eso.
Esto no invalida la comparación —la nota de país de la OCDE la hace explícitamente—, pero obliga a tratarla como una señal, no como una medición milimétrica. Cuando alguien afirme que Ecuador «perdió exactamente 24 puntos en lectura», la afirmación correcta es más modesta: el desempeño en lectura fue claramente el más bajo, y esa caída es la más grande de las tres.
Dicho lo anterior, pasamos al hallazgo que cambia por completo la lectura del informe y que la OCDE subraya en su nota sobre Ecuador.
La noticia positiva es que entre 2017 y 2022, la cantidad de jóvenes de 15 años elegibles para rendir el PISA en Ecuador aumentó, a pesar de que la población total de esa edad disminuía. Solo hay una manera de que ocurran las dos cosas al mismo tiempo: que más adolescentes estén dentro del sistema educativo. La matrícula secundaria creció de manera sostenida.
¿Y quiénes son esos nuevos estudiantes? Mayoritariamente, chicos de poblaciones históricamente marginadas, que hace ocho años estaban trabajando, migrando o simplemente fuera de la escuela. Cuando el sistema los incorpora, entran al promedio nacional con los rezagos acumulados de toda una vida de exclusión. Por ende, el promedio baja, aunque nadie haya empeorado.
La OCDE va un paso más allá y ofrece una inferencia concreta: la caída aparente en matemáticas y lectura está vinculada a esa integración, y el desempeño en ciencias de los estudiantes que ya estaban dentro del sistema —los que no cambiaron de situación por la expansión— probablemente mejoró en el período.
En 2025, la muestra ecuatoriana cubrió aproximadamente el 84% de la población total de 15 años del país. Ese número es, en sí mismo, un logro de política pública. También es la razón por la cual el promedio es hoy un espejo más honesto.
Hay una segunda pista que apunta en la misma dirección. Si el problema fuera un deterioro general de la enseñanza, esperaríamos que todos los estudiantes cayeran de manera similar. No fue así: entre 2017 y 2025, la brecha entre el 10% de mejor desempeño y el 10% de peor desempeño se achicó en matemáticas, se mantuvo en lectura y se amplió en ciencias. Un patrón de deterioro homogéneo produciría otra cosa. Un patrón de incorporación masiva desde abajo produce exactamente esto.
Se debe trabajar en la inclusión mediante la enseñanza para lograr una inclusión efectiva. No estamos ante un sistema que retrocedió; estamos ante un sistema que se amplió y que ahora debe reforzarse para enseñar a quienes llegaron.
3. El piso, no el techo: dónde está el verdadero problema
En matemáticas, solo el 20% de los estudiantes ecuatorianos alcanza el nivel 2. Ocho de cada diez quedan por debajo. En promedio, en la OCDE ese porcentaje es del 65%.
Vale la pena traducir «nivel 2», porque suena más técnico de lo que es. En matemáticas, un estudiante de nivel 2 puede, sin que se le explique paso a paso, comparar la distancia total de dos rutas alternativas o convertir precios a otra moneda. En lectura, puede identificar la idea principal de un texto de mediana extensión y encontrar un dato siguiendo un criterio explícito. En ciencias, puede reconocer la explicación correcta de un fenómeno conocido y, en casos simples, juzgar si una conclusión se sostiene con los datos que tiene delante.
No es un umbral de excelencia. Es el mínimo para desenvolverse en un trabajo, en un trámite bancario o en una noticia. Ocho de cada diez adolescentes ecuatorianos de 15 años no alcanzan en matemáticas; seis de cada diez, en lectura.
En el otro extremo, prácticamente ningún estudiante ecuatoriano llegó a los niveles 5 o 6 —el rango de quienes modelan situaciones complejas o distinguen hechos de opiniones con pistas implícitas— frente a un 7% en ciencias, 8% en matemáticas y 6% en lectura en la OCDE. Para dimensionarlo: en B-S-J-Z (China), el 54% de los estudiantes alcanza ese rango en matemáticas.
La conclusión operativa es directa: el problema ecuatoriano no es la falta de una élite académica. Es un piso que se hundió.
4. La desigualdad que la prueba deja ver
PISA construye un índice de estatus económico, social y cultural que permite ubicar a cualquier estudiante del mundo en una misma escala. Con esa herramienta se puede responder una pregunta clave: ¿cuánto de lo que un chico logra en la prueba se explica por la casa de la que viene?
El indicador que más debería preocupar: solo el 9% de los estudiantes ecuatorianos de origen socioeconómico bajo logra ubicarse en el cuartil superior de rendimiento de su propio país. En la OCDE, ese porcentaje es del 12%. Son los llamados estudiantes resilientes: los que rompen el pronóstico. Ecuador registra menos de esos casos que el promedio.
Un dato adicional matiza el pesimismo: entre 2017 y 2025, la brecha entre los estudiantes más y menos favorecidos se mantuvo estable, y el desempeño se mantuvo estable tanto entre los aventajados como entre los desaventajados. La expansión de la matrícula no aumentó la desigualdad medida; sumó estudiantes sin desarticular la estructura.
5. Lo que Ecuador sí tiene: ganas, docentes presentes y un aula que apoya
Aquí aparece la señal que resulta la más esperanzadora. El 80% de los estudiantes ecuatorianos se declara curioso por muchas cosas, frente al 73% de la OCDE. El 73% dice que se esfuerza más cuando la tarea se pone difícil, contra un 60% del promedio. Solo el 15% cree que la escuela ha sido una pérdida de tiempo, la mitad que el 24% de la OCDE.
Los docentes también salen muy bien evaluados por sus propios estudiantes. El 86% dice que su profesor de ciencias se interesa por el aprendizaje de cada estudiante (69% en la OCDE); el 85%, que da ayuda extra cuando hace falta (73%); el 80%, que sigue explicando hasta que entienden (66%). Y los chicos piden ayuda más que el promedio: 84% al docente, 87% a sus compañeros.
Frente a esto, dos señales de alarma. La primera: solo el 49% de los estudiantes ecuatorianos tiene una mentalidad de crecimiento —la creencia de que la inteligencia se desarrolla con el trabajo y no es un don fijo—, frente al 69% de la OCDE. Es una de las brechas más grandes de todo el informe y es cultural, no presupuestaria. La segunda: apenas el 44% planifica cómo va a estudiar y el 47% se autoevalúa preguntándose si entendió. Hay disposición, pero no hay método.
En la OCDE, un aumento de una unidad en el índice de curiosidad se asocia a 19 puntos más en ciencias. En Ecuador, a 11. En perseverancia, 13 contra 10. En pedir ayuda, 6 contra 3. En todos los casos, la misma actitud rinde menos en el aula ecuatoriana.
Esta es, probablemente, la conclusión más importante del informe para Ecuador y merece decirse sin rodeos: el país tiene estudiantes con ganas y docentes que los apoyan.
6. Celulares, inteligencia artificial y atención
PISA 2025 midió, por primera vez a escala global, el uso de chatbots de inteligencia artificial en tareas escolares. Ecuador aparece por encima del promedio en casi todos los indicadores.
El 52% de los estudiantes ecuatorianos usa chatbots para aprender al menos una vez por semana, contra un 46% de la OCDE. El 42% los usa para investigar un tema nuevo (31% en la OCDE), el 38% para resumir un texto (30%) y el 38% para redactar trabajos (29%). Solo el 7% dice no usarlos nunca, la mitad del 14% de la OCDE.
El contraste es difícil de ignorar: los estudiantes ecuatorianos usan la IA para resumir textos y redactar trabajos con más frecuencia que el promedio mundial y, al mismo tiempo, son los que peor comprenden lo que leen. Y deja abierta una pregunta pedagógica urgente: si la herramienta que redacta y resume se adopta antes de que el estudiante domine la habilidad de redactar y resumir, ¿qué queda por aprender?
Sobre celulares, Ecuador es de los países más restrictivos del mundo: el 86% de los estudiantes asiste a escuelas donde su uso está prohibido en el establecimiento, frente al 49% de la OCDE. Sin embargo, el 28% reporta que sus compañeros se distraen con dispositivos en la mayoría o en todas las clases de ciencias, exactamente el mismo porcentaje que el promedio OCDE. La prohibición existe en el papel; la distracción también existe en el aula. Y esa distracción cuesta caro: los estudiantes que la reportan obtienen 11 puntos menos en ciencias.
En cuanto a recursos, el diagnóstico de los rectores ecuatorianos es más matizado de lo que suele suponerse. Solo el 25% de los estudiantes está en escuelas donde la falta de personal docente obstaculiza la enseñanza —muy por debajo del 39% de la OCDE—. El cuello de botella es material: el 51% asiste a escuelas donde falta material educativo (textos, equipamiento informático, laboratorios) y el 47% donde falla la infraestructura física.
7. ¿Por qué bajó Ecuador? Cinco causas ordenadas por peso
Con todos los datos sobre la mesa, se puede armar una explicación razonada. Las ordenamos de mayor a menor peso probable, señalando en cada caso cuánta evidencia la respalda.
1. Incremento de la base de medición. La causa principal, y la que la propia OCDE señala. Más adolescentes de sectores históricamente excluidos entraron al sistema entre 2017 y 2025, en un contexto de descenso de la población de 15 años. La cobertura llegó al 84%. Cuando entra al promedio quien antes no era medido, el promedio baja, aunque nadie haya empeorado.
2. La cicatriz de la pandemia. Los estudiantes evaluados en 2025 tenían entre 11 y 12 años cuando las escuelas cerraron. Perdieron, según estimaciones regionales, entre uno y dos años efectivos de instrucción en el momento en que se consolida la comprensión lectora avanzada. Toda América Latina cayó; Ecuador no fue la excepción.
3. Carencias materiales, no de personal. Faltan textos, laboratorios y equipamiento informático en la mitad de las escuelas, y falla la infraestructura física en casi la mitad. Notablemente, no faltan docentes: en ese indicador Ecuador está mejor que el promedio de la OCDE.
4. Pérdida de tiempo de instrucción. Un tercio de los estudiantes falta al menos un día cada dos semanas y más de la mitad llega tarde. Menos tiempo de clase, menos aprendizaje. Es aritmética.
5. Mentalidad fija. Solo la mitad de los estudiantes cree que la inteligencia puede desarrollarse. Es una causa cultural, corregible en el aula y con un costo fiscal prácticamente nulo.
8. Qué hacer y en qué orden
1. Nivelación intensiva en lectura y matemática básica. Aplicar una evaluación diagnóstica censal y breve de lectura y cálculo al inicio del año escolar, y destinar una hora diaria protegida a nivelación en grupos pequeños para quienes están por debajo del piso. La evidencia internacional sobre tutorías focalizadas es de las más sólidas que existen en educación.
2. Un sistema de alerta temprana por inasistencia. Registro nominal por estudiante, alerta automática al tercer día de ausencia en un mes y contacto con la familia. Atacar el 53% de llegadas tarde recupera minutos de clase sin gasto adicional significativo.
3. Media hora de lectura diaria, en todas las materias. Media hora diaria de lectura de textos completos, con discusión guiada y sin evaluación sumativa. El objetivo no es cubrir contenido: es reconstruir la capacidad de sostener la atención sobre un texto largo.
4. Un programa nacional de mentalidad de crecimiento. Es la intervención más barata del listado y una de las mejor documentadas. Formar a los docentes para dar retroalimentación sobre el proceso y no sobre la capacidad («todavía no lo lograste» en lugar de «no eres bueno para esto») puede mover la aguja del 49% actual hacia el promedio de la OCDE.
5. Dotación de material. La escasez no es de personal, sino de textos, laboratorios y equipamiento. Un plan de dotación focalizado en el 51% de las escuelas que reportan carencias de material tiene una mejor relación costo-impacto que la construcción de nueva infraestructura.
6. Blindar la política de aprendizajes respecto de los ciclos políticos. Los resultados de 2025 reflejan decisiones tomadas hace una década, como bien señaló la autoridad educativa. La consecuencia lógica es que ningún plan que dure menos que un período de gobierno puede funcionar. La continuidad vale más que la brillantez del diseño.
7. Devolver la escritura a mano al aula. Instituir en el currículo nacional una práctica sistemática de la escritura a mano, como se hacía anteriormente en el sistema educativo ecuatoriano, desde la educación inicial, con énfasis en los primeros años de la educación básica. La evidencia neurocientífica demuestra que escribir a mano exige y entrena la atención sostenida, la coordinación motriz y la comprensión lectora de un modo que la pantalla no reproduce, ya que la escritura a mano es una intervención que aborda directamente la dificultad que tienen los niños para sostener la atención en clase, señalada también en este informe. Esta es una política de bajo costo fiscal y de implementación inmediata.
Ninguna de estas medidas producirá un salto en la próxima edición de PISA. La cohorte que rendirá en 2028 ya cursó la mitad de su escolaridad. Lo que se decida ahora se verá en 2031 o en 2034.






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